1 de mayo de 2017

"Oye, mujer"

Yo te quiero, no como algo, no como si me pertenecieras.

Sólo te quiero, con la mirada inocente y el suspiro profundo.

Te quiero con el ardor del deseo, con la pasión desmedida, con las ganas húmedas.

Te quiero como el instrumento que quiere ser tocado, como el calor que quiere ser disipado.

Te quiero con fuerza, con ansias, sin sentido, con latidos incontables; y, al mismo tiempo, te quiero con la calma de un día domingo, con las razones claras, con ritmo constante, con la decisión firme.

Te quiero con la cadencia de la música y el baile, con el romanticismo de las obras de Mahler.

Te quiero con el fuego en las manos y la hinchazón de los labios.

Te quiero en los espasmos, en los desvelos, en los sueños.

Pero no espero, sólo te quiero.

15 de enero de 2017

A la mañana siguiente

A la mañana siguiente desperté con la tranquilidad de quien ha asumido la decisión tomada a pesar de las consecuencias...

18 de diciembre de 2016

Ya está volviendo el aire al cuerpo

Hay ocasiones en que la energía es tanta que olvidamos mirar lo que sucede a nuestro alrededor.

Veces en las que creemos que estamos tan bien que no somos en realidad conscientes de lo que podemos provocar.

Pero equivocarse, incluso en medio de la plenitud (sea real o aparente), también es válido; tanto como pedir disculpas si se ha dañado a alguien directa o indirectamente por no prestar la atención debida a cada acto, aunque éstos no sean malintencionados.

Es parte de la vida, de ser humanos, y del aprendizaje.

6 de febrero de 2016

Me niego

Me niego a que la noche tome mis pensamientos y asome las dudas para quitar la emoción de aquello que no debería pensar, pero que mejora cuando lo imagino.

22 de agosto de 2014

Después de 100 días de felicidad

Por: Hikari Hotaru

Tal vez ha escuchado, conocedor lector, del reto de los 100 días felices o #100HappyDays. Puede que parezca algo ridículo o, muy por el contrario, algo divertido y positivo. Sea cual sea la opinión, para mí fue un reto personal agradable para aprender a apreciar los detalles que ya había pasado de largo en los últimos años. 

El principio, sin duda, fue difícil: "¡cómo voy a tomar una foto cada día y de qué!"; pero con el paso de los días y la determinación de hacer un balance diario, fue más sencillo y hasta natural. Deje de estar peleada conmigo misma y transformé mi energía en algo positivo para el resto; convertí mis críticas en opiniones constructivas; hice realidad deseos porque sabía que me pondrían de buen humor, y aprendí a aceptar las vueltas de la vida, pues no son necesariamente ajenas a lo que quiero ser y hacer. 

Tuve también la oportunidad de darme cuenta de quién está constante en mis jornadas y en qué estaba fallando con quienes amo. Otro aspecto que noté fue que me obligaba de cierta manera a disfrutar lo hecho para tener una imagen de alegría al final del día e, incluso ahora terminado el reto, dedico unos minutos para encontrar esos detalles que me hicieron sonreír durante mis actividades.

Admito que mis fotografías no son las mejores y que no las publiqué seguidas, pero mi justificación son esos momentos muy felices donde no sacaba la cámara: estaba dedicada a disfrutarlos en el instante. 

Pienso que si la gente toma esto como una motivación personal, no por ser popular o por presumir, los resultados son más que positivos, y en este mundo necesitamos gente contenta para transmitir su buena energía a los demás: eso es un buen inicio para crear un cambio de conciencia personal y social. Además, si uno logra ser feliz durante 100 días, entonces puede serlo toda la vida. 


3 de febrero de 2014

Tal vez sólo debas dejar que el miedo no te consuma

En los últimos años me he vuelto una persona muy sensible, no es que me la pase mostrando mis sentimientos a todo el mundo, pero no puedo evitar que floten frente a mí. No sé hasta dónde eso sea bueno o no, lo único claro es que, con el pasar de los años, lo que creíamos ser resulta falso.

Durante los meses recientes he aprendido a encontrarme de nuevo, incluso a aceptar la sensibilidad que antes me parecía ridícula. Sin embargo, aún pienso en la gente que dejé en el camino o que me sacó del suyo; no significa precisamente que me afecte, pero a veces quisiera saber qué pasó.

Tal vez el problema radica en las circunstancias del fin de la relación o, mejor dicho, en las que decidieron que yo no pertenecía más a su nuevo estilo de vida. No soy una persona que se desgarre si la dejan: la aceptación es mi mejor cualidad en esto; no obstante, repito, quisiera saber dónde fallé, falló o fallamos.

Puede ser que lo anterior me haya vuelto más receptiva a las emociones y, al mismo tiempo, haya detonado la chispa que se había apagado en mí para continuar mi vida.

Una vez me dijeron: "yo no lo creía, pero es cierto que la edad te hace madurar"; no sé si eso me está pasando, sólo sé que duele y, a la vez, reconforta. Quiero pensar que tendrá un buen término en todos los aspectos y, especialmente, que estaré orgullosa de esta metamorfosis tan prolongada.

27 de diciembre de 2013

Qué bueno que te vas, 2013

Decir que este año dejó cosas buenas, malas, tristezas y alegrías es un cliché, porque la vida de todos, cada día, se inunda de altas y bajas, de miles de emociones que pueden cambiar a cada segundo.

Por la razón anterior, no contaré cómo fue mi año; además, viendo a mi alrededor, creo que resultó muy normal. A diferencia de otros, no vi la vida contada, no sufrí pérdidas y tampoco tuve sueños de la infancia cumplidos: se trató de un año más, del que, obviamente, he aprendido, no lo voy a negar, pero que más me alegra saber que termina.

También 2013 fue un año complicado para el país y, tal vez el mundo en general, que no augura un futuro próximo lleno de felicidad política (no para la sociedad); no obstante, me parece que la energía positiva y el espíritu de lucha creció en muchas personas, así que a nivel personal y de ciudadanía quizá se logre producir un cambio que destruya el destino que algunos quieren escribir para nosotros.

En cuanto a mí, espero ansiosa la energía de un nuevo año, una energía que he estado recolectando en estos últimos días, porque, una mañana, te das cuenta: es el tipo de magia que funciona cuando te decides a dejar atrás a tus fantasmas.

Eso me alegra del fin de año y del comienzo de 2014: que todo está cambiando dentro, que el miedo se va y la determinación vuelve. Espero y deseo que ustedes también se sientan así.

17 de octubre de 2013

El arte de llevar audífonos y no estar escuchando

Siempre he sido de las personas que piensan en tener una vida longeva. No sé exactamente qué quiero hacer cuando sea una anciana, pero estoy segura de que quiero llegar a vieja y seguir en este mundo a pesar de las tragedias (en todos los sentidos) que puedan ocurrir.

Creo que ésa es una de las razones por las que mi vida siempre está llena de planes: algunos que se quedan en meras ideas, otros que luchan por llegar a concluirse y otros tantos que se van transformando.

Entre esos planes, por supuesto, está el evitar la rápida degeneración de mi cuerpo. Sé que mi fuerza física y las capacidades de las que con gusto me puedo jactar ahora poco a poco irán en declive, pero, como dicen los editores y periodistas de estilo de vida y salud, quienes se han encargado incesantemente de hacernos creer que podemos mantenernos estables, creo que ya hay muchas maneras de seguir en forma tanto por fuera como por adentro.

Cuando uno es muy joven (y por joven me refiero a niño, adolescente y en la veintena) poco pensamos en que cuidarnos es indispensable si, como yo, queremos tener una existencia -material- larga. Y, si agregamos las facilidades de la vida actual para mantenernos sedentarios, pues los resultados se visualizan catastróficos.

Por fortuna, y quizá porque hay situaciones que te obligan a ser consciente de tu propio cuerpo, he decidido que es el momento ideal para que yo tome las decisiones que me procuren una vida saludable física, mental y emocionalmente.

Algunas de las acciones tienen que ver, por obviedad, con actividad física y una alimentación balanceada; pero también con el hecho de respetar ciertas rutinas en el día a día.

Una de mis reglas diarias tiene que ver con el cuidado de mis oídos, con especial esfuerzo desde hace un año.

No soy de las personas que toleran los volúmenes altos o el ruido excesivo, pero sí disfruto de vez en cuando perderme en la música a todo volumen.

Según yo, no escucho mal, pero no todo me lo asegura.

He de confesar que soy hipocondriaca (de forma controlada, si es que eso se puede decir), y cuando, hace algunos años atrás me realicé una audiometría, determiné que quedarme sorda antes de los 30 (sí, con todo y la exageración) no debía ser una opción.

Luego, empecé a ser consciente de que había personas adultas a mi alrededor con problemas de audición y no estaban más que entrando a su década 4. No me podía permitir eso. Y, por si fuera poco, según este video, "estoy pa'l perro".

-No sé si a ustedes o a otros jóvenes que van por la calle escuchando en sus perfectos audífonos música a todo volumen les preocupe eso; pero para mí, es de los asuntos que más me llena de angustia.

Además, decidí que tener una profesión relacionada con la radiodifusión y, recientemente, como músico, lo que me obligaba a tener todavía más atenciones con mis oídos.

Así, comencé a escuchar música a un volumen bajo, lo menos que me permitiera el lugar donde estaba, el ánimo y, claro, mis oídos. A recuperarme del estrés del día en mi habitación silenciosa. Y a tener los audífonos adecuados.

¡Oh!, los audífonos, por mucho tiempo fuimos enemigos. Más tardaba en escogerlos y pagarlos que en que les sucediera algo: se rompían, dejaban de funcionar, o terminaban lejos de mí. Sin embargo, con la determinación de proteger mi audición encontré (aunque sin saber exactamente cómo) la manera de que permanecieran.

Y es así como empecé a utilizar los audífonos más como tapones que como un complemento para el reproductor de música.

La verdad es que si me ven en la calle con grandes auriculares, pensarían que escucho algo; lo cierto es lo contrario. Al menos que quiera dejar de lado mis pensamientos, normalmente sólo uso los audífonos para aminorar un poco el impacto de los altos decibelios en la ciudad.

La rutina es sencilla: salgo de casa, conecto los auriculares al teléfono (para despistar y, sobre todo, lo digo con toda sinceridad, para no parecer más rara), los acomodo en mis orejas y ando.

Experimento una sensación distinta, los ruidos se transforman, mis oídos sufren menos y yo me convierto en algo más parecido a mí en soledad.

Sabía que eso estaba sucediendo, pero no tenía tan claro hasta hoy que lo escribo, porque tuve un arrebato en preguntarme cuántas personas más sólo traen los audífonos colgando para evitar que los molesten o con la misma finalidad que yo.

Entonces me di cuenta de que gracias a los auriculares he podido concentrarme más en mí, en mi lectura de metro (esos libros que no te abandonan en el transporte público), y menos en los otros y sus conversaciones.

También me atrapan las pláticas ajenas en algunas ocasiones, y el disfraz de los audífonos hace hablar a la gente alrededor tuyo como si no los escucharas: es una trampa que me parece maravillosa. Aunque cada vez he adquirido la habilidad de dejar de lado murmullos que no me pertenecen.

He aprendido a estar más atenta a mi entorno acústico, pues los ruidos se aislan para dar paso a los sonidos más reales, por llamarlos de algún modo.

Otra ventaja es reconocer mis propios ruidos, los espirituales y los de mi cuerpo.

Nunca hubiera imaginado las miles de posibilidades, satisfacciones y cambios que eso traería a mi vida. No es que sean muy evidentes, pero con un poco de pericia se nota el "cambio de estación".

Esto ya no es más un secreto, así que para ser honesta por completo, lo que más me gusta de llevar audífonos y no escuchar nada con ellos es tener la oportunidad, día a día, de charlar conmigo misma.

22 de septiembre de 2013

Catarsis necesaria

Quisiera con toda el alma detener el tiempo por un instante, adentrarme en mis entrañas y rescatar a la que un día fui para volver a ser valiente y continuar.

24 de julio de 2013

De miedos y determinaciones

Hoy hice una retrospectiva de mi vida en un lugar de mi cabeza muy privado; un espacio que me pertenece y que, tal vez, si lo comparto podría limpiar sus telarañas y desempolvar sus miedos, mas no es el momento, no emocionalmente. Sin embargo, este día tuve la oportunidad de invadirme con muchos sentimientos distintos y ponerme a reflexionar un poco sobre algunos aspectos de la vida.

Todo comenzó cuando fui a lavar mi taza, había terminado un rico té de limón para calmar el estrés laboral; me sentía especialmente dispuesta a mejorar mi día y mi actitud. De repente, por la venta vi una situación que alimentó mi curiosidad y, al mismo tiempo, me hizo darme cuenta de que no deberíamos tener la opción de desperdiciar nuestras horas en nada.

Verá, atento lector, frente a donde laboro hay una clínica especializada, una que quizá ha visto las tristezas más profundas de alma, pero que también ha llenado de esperanza a más de un corazón.

El evento que presencié fue un destello que hizo me preguntara: "¿qué tan difícil será saber que tus días los empezarás a contar regresivamente?", ¡qué tan complicado debe ser darte cuenta que sólo estás esperando el final!

Se preguntará, excitado lector, qué vi. Fue una escena simple: una mujer joven saliendo de la clínica en silla de ruedas apoyada por su médico y un enfermero. Su familia esperando en el auto. Lo que sigue fue lo que me impactó: no podía realizar un movimiento sola. Los médicos y quienes la acompañaban forcejeaban para poder meterla en el coche sin lastimarla; todos con guantes, recibiendo los golpes de los malos movimientos, pero nunca bajando la guardia ante la enferma.

La particularidad fue que todos se veían tranquilos a pesar de las maniobras, to-dos; como si fuera costumbre, pero con la delicadeza de sentir que las cosas cambiarán, aunque sepan que no eso no pasará.

La imagen se quedó muy presente en mi mente, tanto que decidí "googlear" a un periodista que participó en una campaña de salud hace algunos años y ver un par de videos de personas en la misma situación, quienes, además, también tienen mucho en común con la mujer que vi afuera de aquel centro de salud.

Reafirmé que muy pocos aprendemos de los demás y que, mientras no nos enfrentemos a una horrible situación en carne propia, preferiremos ser indiferentes a la posibilidad.

¿Qué sería de nosotros si en algún momento nos pusiéramos en los zapatos de esa gente? ¿Sentiríamos su sufrimiento pasado, su resignación o sus ganas por seguir vivos? ¿Nos contagiaríamos de su energía y de su fuerza? ¿O preferiríamos simplemente negarnos a esos sentimientos e ignorarlos como comúnmente lo hacemos?

26 de mayo de 2013

Sólo es una mudanza.

Ayer se despidió de la blogósfera uno a quien yo consideraba entre los grandes: por su pulcritud al escribir, por su fluidez, por la forma de cautivar al lector, por su convicción, y por siempre perseguir y respetar sus sueños.

Conocerlo significó tener muchas lecciones de vida para mí; lecciones que tal vez él no se imagina y nunca se propuso darme, pero que, en su momento, me ayudaron a abrir mi mundo, a comprender lo pequeño de nuestro criterio y lo fácil que nos convertimos en lo mismo que criticamos.

Hoy me uno a la tristeza de saber que ya no te podré leer igual; pero, también, a la alegría de tus nuevos proyectos, de las nuevas oportunidades que tomarás y de tus decisiones: la vida sin ciclos sería aburrida, así que es bueno saber cuándo terminarlos y cuándo comenzar los nuevos.

Querido y atento lector, no haré más de este post una despedida; sino un instante de transición en honor a quien me ha enseñado que no todo lo que creemos banal en la vida, lo es.

Lo invito ahora, desconcertado lector, a visitar el blog de Aldonáutico, que aún permanecerá en la memoria digital y a seguirlo en sus nuevos espacios.

Te extrañaremos, Aldonáutico

De cómo me gustaría un transporte público de calidad

Esta entrada debió salir hace algunas muchas semanas, aunque la tecnología no fue aliada aquella ocasión; sin embargo, es maravilloso (para su publicación) que sea tan vigente como entonces (lo cual, por supuesto, no es tan magnífico en la vida cotidiana). * ** ***

Me gustaría presentar una hoja detallada de cada una de las cosas erróneas que veo y que, con un poco de trabajo, inversión, sentido común (que falta en todas las personas), y menos egoísmo (que no quieren dejar), todo marcharía de forma más eficiente, eficaz, además de mantenernos felices días completos.

Tristemente eso no pasa y hay más paredes que puertas para entrar y cambiarlo; porque las personas son egocéntricas, individualistas y les falta entrenamiento en eso que algunos llamamos "trabajo en equipo".

Me refiero en general a la gente, claro; mas, a veces, al caos vial de la ciudad y a los medios de transporte tan horribles con los que contamos.

Si bien pudiera quejarme horas también de los usuarios del transporte colectivo; la realidad es que más podría decir sólo de los operadores del metro, personas que en las terminales (y no de una sola línea) se sientan a tomar un café, a platicar, a saludar a todo el mundo, mientras el reloj avanza, las personas se acumulan y el estrés sale por los poros.

Si hay más de un carril para salida, a estos señores conductores y jefes de estación, les encanta ver correr a los usuarios de un lado a otro, sin que ningún tren abra, por lo menos, las puertas.

Después de retrasarnos 15 ó 20 minutos, groseramente hablan por los altavoces de los vagones para una "sutil amenaza": "si no permiten el libre cierre de puertas no avanzamos".

¡Claro! Uno entiende que a veces los individuos son muy necios, pero si los trenes llevan retraso de más de media hora, se gastan nuestro "colchón" de tiempo y se ponen a platicar en lugar de agilizar las salidas, es evidente que las personas van a querer entrar a los vagones, porque, a diferencia de los operadores, ellos todavía no están en sus lugares de trabajo y si no llegan ya tienen una amonestación, que en el mejor de los casos implica un descuento.

¡Ay, los empleados del sistema de transporte colectivo metro que creen que nos están haciendo un favor! ¡Ay, los presupuestos mal gastados y los puestos relevantes mal ocupados! ¡Ay, que el STC Metro siga siendo la mejor opción para trayectos largos! ¡Ay "a dónde vamos a parar"!

Y, por si fuera poco, sin saber exactamente si es una burla o un verdadero servicio a la comunidad, el STC Metro puede expedir justificantes por retardos para el trabajo. Evidentemente existen condiciones, y por supuesto que poquísimas personas lo saben; el punto aquí es qué tan efectiva es esta medida y qué tan eficiente es el proceso para obtenerlo. (Aquí detalles.)

Pero para el gobierno es muy fácil seguir construyendo y olvidar obras anteriores que necesitan mantenimiento constante; y para las personas es más sencillo desahogarse escribiendo que convocar a quejas constantes para ver si así por lo menos hacen algo.

Podríamos pasar horas hablando sobre las miles de fallas, no sólo en el metro, también en autobuses, vialidades y autoridades. Pero mejor respirar un poco antes de perder los estribos...

26 de diciembre de 2012

People don't need to know everything

Pasamos la vida quejándonos de todo, preguntándonos y reclamando al cielo por qué nos tocó estar donde estamos. Nunca miramos a los lados ni devolvemos la vista atrás por un segundo; sólo cuando se trata de magnificar nuestra desgracia.

Que si no tengo trabajo; que el que tengo no me gusta; que mis amigos nunca me buscan; que estoy cansado de que no me dejen en paz; que mi mamá no prepara la comida que me gusta; que mi papá no sabe nada de mí, que mi familia me exige pasar tiempo con ellos; que vivo en un entorno familiar falto de convivencia...

¿Por qué no despertamos un día y tratamos de cambiar esa actitud reacia a todo?

¿Por qué no nos miramos al espejo y nos damos primero los buenos días a nosotros?

¿Por qué no despertamos con un beso a quien duerme a nuestro lado?

¿Por qué no llamamos a nuestros padres para desearles un día excelente?

¿Por qué no le decimos "nos vemos al rato" a nuestra mascota?

¿Por qué no le enviamos un mensaje de texto a nuestros hermanos para saludarlos?

¿Por qué no convocamos a una reunión con nuestros amigos?

¿Por qué no intentamos, por un segundo, mirar el lado bueno de las cosas?

Al final estás bien, no te falta nada, sólo tu deseo basado en estándares sociales estúpidos: cosas que no necesitas, exageraciones que no hacen falta, embrollos que no existen.

El trabajo no merece serlo todo; estar tirado en la cama no es un mérito; decirle a los otros que estás muy ocupado para ellos es un insulto, pensar que sólo están cuando tú quieres también lo es.

Salir a la calle y presumirte todo es ridículo; quedarte en casa apenado de lo que eres también.

Dicen que sólo se vive una vez, y mientras no tengamos la certeza de que en la próxima vida lo haremos bien, prefiero correr los riesgos que en ésta existen: queriendo, corriendo, gritando, llorando y disfrutando cada momento como el éxito más grande de mi exitencia.

27 de octubre de 2012

Un reclamo a #Yosoy132, pero especialmente a "Antolini" (en quien nunca confié)

Recordará, atento lector, aquella entrada en la que platicaba acerca de mi posición respecto al en ese momento sólo un hashtag #Yosoy132; cuando expresé mi empatía con el sentimiento popular que embargaba en esos días: la indignación, el coraje, el estrés, la impotencia… Bueno, hoy siento la necesidad de hablar al respecto una vez más, al reafirmar que uno de los grandes problemas de nuestro país es aceptar pseudolíderes que nos enamoran con discursos, pero en los hechos son completamente diferentes.

Si bien la intención inicial de éste, al que llamaré pseudomovimiento, podría haber parecido grande, siendo endeble en realidad, logró que los estudiantes, de escuelas de las que no hubiéramos esperado tal levantamiento, alzaran la voz por primera vez. El problema llegó después, cuando comenzaron a compararlo con el movimiento estudiantil de 1968 y los jóvenes se lo creyeron; quiero decir, ¡de verdad!, con qué fundamentos.

Tras lo anterior, permitieron a un tipo del ITAM ingresar como vocero --y autoproclamarse líder-- de dicho "movimiento"… Y los egos del resto de los integrantes se inflaron hasta los cielos. ¡En serio! ¿Se dieron cuenta de que todo lo positivo de este suceso se volcó más rápido de lo que alguien hubiera apostado? Especialmente por dejar a un hombre de 23 años (ahora 24), sin la capacidad de escuchar a sus compañeros, ni siquiera a los entrevistadores, y mucho menos al pueblo, se mantuviera al frente.

Me dirá lo que quiera, inquisidor lector, pero me tomo la libertad de arremeter contra este espurio de la sociedad de la manera que quiera, porque, al final, qué de lo hecho por él es honesto.

Basta con ver su rostro, su actitud, su manera de hablar y de dirigirse hacia los demás, para saber que simplemente estaba comenzado su carrera política. El autoproclamado “locutor, mariachi y mago” ahora estará en las filas de Televisa; decisión que le ha dado más enemigos de los que ya tenía.

Él arremeterá a quien se le ponga en frente: que no se vendió, que no estará en nómina, que no tiene contrato, que va a luchar desde dentro, que quien le ofreció el empleo lo conoció en la escuela y no por el movimiento, que es un colaborador más como Poniatowska, una mujer que por supuesto tampoco acepta los millones de pesos que le pagan por opinar en la televisora, y que hace unas semanas hizo lo que este “líder estudiantil” parlotea sobre sus planes: hablar mal de Televisa en Televisa…

Como si de verdad todos los “líderes de opinión” de esa cadena mordieran la mano de quien les da de comer.

Esto es un reclamo, por supuesto, un desahogo, de esos detalles que no siempre vemos y que no cambiamos: clamamos por un país mejor, nos ponemos en guardia, nos creemos representantes del resto, pero siempre, siempre, con nuestros intereses individuales por delante.

Eso que pudo ser enorme se cayó en instantes: niños que se emocionaron por salir en la tele, por conocer a sus "grandes pensadores" favoritos, por improvisar debates, por creer que estaban haciendo una labor social, como para llenar un requisito y tener algo que escribir en sus Curriculums.

Usted, pensante lector, decidirá si los sigue o no. Por mi parte, continúo con la firme convicción de que el cambio inicia con uno, cuando empezamos a pelear, no por avaros, sino por construir un país mejor, con movimientos puros y con cada una de nuestras acciones en los distintos roles que desempeñamos.

Un soldado que trabaja por su cuenta, sépalo, dictaminador lector, en la trinchera del enemigo no va a cambiar las cosas. Ya te veremos, Antonio Attolini: te dejarán despotricar dos o tres veces contra la casa que ahora te recibe, pero bastarán unos meses para que, o cumplas tu sueño de ser otro Loret de Mola, o para que la presión, por un lado de tus jefes y por el otro de los "Yosoy132" te hagan claudicar, porque más rápido cae un hablador que un cojo y, contra tus supuestos principios, aceptaste estar en una silla para pretender ser, ahora sí, un líder de opinión con todos sus derechos...

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*Por cierto, atento lector, ¿sabe por qué el portal ADNPolítico aceptó a "Antolini" como colaborador? Realmente espero una respuesta, pues, ¡vamos!, hay mejores estudiantes, con ideas que pueden trascender y llevarse a cabo, pero sobre todo con congruencia en sus palabras y actos, como para aceptar a un niño que cree que se gana el pan con su propio sudor y dice ayudar al resto, cuando en realidad sólo piensa en él mismo.

**Le recomiendo esta otra opinión, querido lector: http://goo.gl/Mqdc0

20 de septiembre de 2012

Manuscrito 3/3

Creo que me seguiré preguntando por qué no me volviste a buscar, por qué no le pediste a nadie que me dijera, por qué en sueños, querido, por qué…

Hay ocasiones en las que me imagino en la puerta de tu casa, esperando que sea tu madre la que salga y entonces, yo, tímidamente, le pregunte qué pasó.

Y después, de pie, frente a tu tumba, reclamándote, riendo, llorando, despidiéndome… Es sólo miedo traducido en imaginación.

“et au sud de mes peines, j’ai volé loin de toi, pour couvrir mon cœur d’une cire plus noire”.

2 de septiembre de 2012

Ausencia escrita

Que sea la ausencia de tus palabras la que hable conmigo, la mujer a quien nada tienes que decir, ni un reclamo ni una sonrisa.

Que sean las horas y las letras para otros las que me expliquen cada historia contada en tu interior.

Que el nudo en mi garganta sea el indicador de realidad; y tu indiferencia sin querer, la llama extinta del ego de quien trata de entender por qué elegiste así.

24 de agosto de 2012

No hay mejor momento para sentirse más sola

Y ahí está, en un espacio enteramente iluminado, pero cubierto con las sombras más tenebrosas de las emociones.

Destruyendo cada momento añorado, cada ilusión, y cada pizca de seguridad recobrada.

Pensando que ya nunca habrá un lugar para ella.

Destilando químicamente aquello que el cuerpo ya no puede soportar. Buscando un escape a las frustraciones que parece, más bien, la insistencia en sentirse mal.

Ya no basta desahogarse, porque el deseo ya no alcanza..

Tratando de encontrar soluciones, la fuerza se pierde. Todo se cansa y se nubla, nada volverá y ya nada será.

Nadie llega en el momento indicado, y sola, de una acertada, aunque triste manera, debe continuar...

9 de agosto de 2012

Manuscrito 1/3

Cerca de la entrada de la habitación, iluminada sólo con el reflejo que emana la luz del pasillo, me encuentro, con sentimientos que desconozco; más bien, sentimientos a los que no puedo nombrar.

Ganas arrebatadoras de llorar confunden mi mente, el pecho se siente pesado y la respiración… ¡nunca antes había sido tan consciente de ella!

Mis pensamientos van de un lado a otro de la cabeza, como si buscaran una salida; chocan entre ellos, se revuelven, se combinan: retrospectivas y prospectivas, hasta no saber a dónde voy, ni qué fue lo que sucedió; eso sí, al compás de Holden...

Je ne suis pas ce que je suis” retumba en mis oídos: no podía ser literal hasta hoy, cuando el nada intenso rayo de luz me impide distinguir las letras del teclado, y la melodía me hace suponer las palabras de lo que hay dentro de mí.

Las paredes comienzan a darme temor, no quiero que me escuchen, pueden adivinar cuanto tecleo, y en la noche lo escupirán, justo cuando esté a punto de perderme en el sueño, directo a mi cara y me levantarán… de golpe.

5 de agosto de 2012

Chavela:

¡Qué silencio tan amargo se respira hoy, justo hoy!

Hiciste retumbar la tierra con tu noticia, en un día sin emoción, cual chamana que eras.

Trascendiste, afortunada, como no podrán hacerlo las mentes que empobrecen este mundo, y como no han de entenderlo quienes no se atreven a amar.

Y te encontraremos en vida o en muerte, rebelde, sólo cuando nuestro espíritu sea tan libre como el tuyo.

Paloma negra, dicen, que no muere el que se va, sino quien se queda en el olvido.

Paloma Negra - Chavela Vargas