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22 de agosto de 2014

Después de 100 días de felicidad

Por: Hikari Hotaru

Tal vez ha escuchado, conocedor lector, del reto de los 100 días felices o #100HappyDays. Puede que parezca algo ridículo o, muy por el contrario, algo divertido y positivo. Sea cual sea la opinión, para mí fue un reto personal agradable para aprender a apreciar los detalles que ya había pasado de largo en los últimos años. 

El principio, sin duda, fue difícil: "¡cómo voy a tomar una foto cada día y de qué!"; pero con el paso de los días y la determinación de hacer un balance diario, fue más sencillo y hasta natural. Deje de estar peleada conmigo misma y transformé mi energía en algo positivo para el resto; convertí mis críticas en opiniones constructivas; hice realidad deseos porque sabía que me pondrían de buen humor, y aprendí a aceptar las vueltas de la vida, pues no son necesariamente ajenas a lo que quiero ser y hacer. 

Tuve también la oportunidad de darme cuenta de quién está constante en mis jornadas y en qué estaba fallando con quienes amo. Otro aspecto que noté fue que me obligaba de cierta manera a disfrutar lo hecho para tener una imagen de alegría al final del día e, incluso ahora terminado el reto, dedico unos minutos para encontrar esos detalles que me hicieron sonreír durante mis actividades.

Admito que mis fotografías no son las mejores y que no las publiqué seguidas, pero mi justificación son esos momentos muy felices donde no sacaba la cámara: estaba dedicada a disfrutarlos en el instante. 

Pienso que si la gente toma esto como una motivación personal, no por ser popular o por presumir, los resultados son más que positivos, y en este mundo necesitamos gente contenta para transmitir su buena energía a los demás: eso es un buen inicio para crear un cambio de conciencia personal y social. Además, si uno logra ser feliz durante 100 días, entonces puede serlo toda la vida. 


7 de enero de 2010

Me acuerdo...




El día de reyes ya no es como antes, ya no hay niños felices con sus juguetes en las calles, al lado de sus padres y con sus amigos. Sé que por mil razones no sucede, y lo extraño.

Por cierto, gracias por sus comentarios n_n

3 de septiembre de 2009

Luces apagadas: de esos amigos de los que ya no sabes



Tal vez uno siempre espera mucho de otras personas, quizá esperar nada haría más fácil el encuentro con situaciones que, si bien no ameritan enojo o decepción, sí sorprenden. Son de esos momentos de incertidumbre y malestar, cuando te das cuenta de lo mucho que se ha marcado la línea entre lo que fue tu amistad con esa persona y su vida ahora. Es aún más difícil reaccionar ante el hecho de que, a pesar de todavía querer a ese alguien en tu vida, ese individuo ya no tiene un lugar para ti.


Hoy me acordé de un amigo, vi algunas fotos de él y me sentí mal. Cool Acid remató, como una coincidencia extraña, con lo escrito en su feisbuk, este sentimiento que me apareció de pronto : "Que triste es cuando extrañas mucho a amigos que ahora creen que eres un idiota..."

Me pregunto si con mi amigo pasa eso...Comienzo a creer que así es.

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Nota para él: Me gustaría ceer, de verdad, que no es como lo pienso. Sin embargo, y sinceramente, siento lo contrario. Aún quiero verte, aún te extraño; deseo alegrarnos nuestros días, experimentar la cercanía emocional, el apoyo moral, compartir temores y expectativas, ser de la misma banda, y sin miedo, ni tuyo ni mío, aceptarte tal como eres ahora, igual que en aquellos tiempos.

12 de agosto de 2009

Ja ja ja



Mientras escribía el post anterior, a mi mente vino la siguiente frase: "Me estoy enamorando", y me inquieté, tanto que puse en Youtube esas tres palabras y, ¡zas!, que sale esta canción:



...Harta risa que me dio, no por lo que dice bueno, también, un poquito, sino por los recuerdos de mi infancia: mi papá solía traer a casa a sus amigos y se ponían a escuchar ese tipo de música mientras mi madre, hermano y yo tratábamos de dormir.

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29 de julio de 2009

"Vamos a curarlo con mimitos..."



A veces, de la nada, los recuerdos de la niñez surgen acompañados de melodías, canciones, imágenes y caricaturas que nos acompañaron en esa etapa de la vida. Hoy, después de despertar, recordé una canción de aquella serie argentina llamada Chiquititas, de 1996 (no las mil que hicieron después y están feas), que habla sobre las heridas del corazón -ja ja-; ¿la vieron, la recuerdan? Creo que no la transmitieron en tele abierta aquí, pero quisieron hacer su versión mexicana, sin éxito, supongo. Disfrútenla:

12 de abril de 2009

Amigos



Dicen que entre más crecemos más difícil es hacer amistades para toda la vida, no lo veo como cierto, lo que noto es que nos volvemos más selectivos mala-onda con el paso del tiempo y comenzamos una batalla de adultos irracionales para demostrar estupideces, como quién puede pagarle a su hijo la carrera en la UnICEL, ya no somos espontáneos ni sinceros con nosotros mismos.

Miraba el perfil jaifaisezco (hi5) de un amigo de la prepa (la ENP 9, orgullosamente) y me encontré con los perfiles de otros chicos que conocí en el último año de bachillerato, muy divertidos ellos y grandes amigos (entre ellos pues).

Me dio mucho gusto ver que siguen tan juntos como siempre y, al mismo tiempo, me hizo mirar un poco hacia atrás; también me puso a pensar en las pocas personas con la capacidad de hacer un círculo de amigos tan unidos como en esos tiempos, quizá sea porque dentro de ellos sigue esa chispa y sentir humano que los permite entenderse.

No tengo reproches sobre la universidad, tampoco es algo que quisiera omitir o ponerme a llorar porque no puedo socializar, al contrario: he conocido mucha gente diversa, personas con las que me entiendo perfectamente, esperpentos a los que no aguanto, individuos que admiro y respeto, y grandes amigos.

Justo esta parte de los amigos, junto a la nostalgia que me dio al mirar los jaifases de mis antiguos compañeros, me hacen notar lo mentalmente intolerante que podemos llegar a ser con otros por el nivel intelectual que supuestame adquirimos y tenemos en estos años de vida como estudiantes, y cómo olvidamos abrirnos a los nuevos mundos: ya lo sabemos todo y no necesitamos conocer más, pero, eso sí, todos somos openmind (¿no debería eso incluir también estar dispuestos a aprender más y no sólo ser liberal sexualmente? Me parece que una de las mayores virtudes del ser humano es poder reconocer que la vida aún tiene mucho para enseñarle).

Del mismo modo, entendí que en aquellos años de adolescencia había algo en mí -que probablemente muchos teníamos- una capacidad de conectarse con ciertas personas, de hacer de una sonrisa una plática, de una plática un conocido, de un conocido una amistad: dichosos aquellos que no temen hacerlo todavía y conservan esa valiosa característica.

Por despertar estas emociones, me encanta saber cómo las personas se conservan como mejores amigos, como hermanos, y saben que disfrutarán de sus futuras experiencias y estarán siempre ahí, el uno para el otro (o los unos para los otros) por la vida entera.

Y...si lo pienso detenidamente, yo sé, quiero y siento lo mismo, y aprendo a que conoceré muchísima gente más -alguna insoportable, otra tanta no pasará de ser un conocido de la vida o un amigo de esos que no son íntimos- y que las personas que ahora conozco tal vez me desesperen, quizá no son parte de mi círculo de amistades porque somos completamente distintas, tanto como para no hacer ese clic especial, pero que aquellos individuos con quienes he encontrado esa conexión permanecerán aquí y que, sin importar las miles de ocupaciones y nuevas responsabilidades que vienen, el lugar o el momento, estaremos juntos.

Gracias por esas personas, por mis compañeros de carrera y de vida, por sus grandes personalidades y su incondicional apoyo. Y, aquellos que no tienen miedo de acercarse a otros, que se entregan, que sonríen al mundo, perimítanme expresarles mi más sincero respeto.

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Me puse sentimental, lo sé y ni modo. Para acompañar a este sentimentalismo (y para compensar que no iba a haber domingo musical -lo siento, debía confesarlo-), les dejo esta canción de Fiona Fung, Shinning friends:


2 de noviembre de 2008

Cinta quinta

Por: Hikari Hotaru


"en la vida las cosas pasan casi sin que lo notes un día te das cuenta de que ya todo se voltió (sic) y que no puedes hacer nada por regresar a donde estabas antes" (El vampiro de la colonia Roma, Luis Zapata)

10 de julio de 2008

Tal vez, el desconocido era él

Por: Hikari Hotar


Rememorando etapas pasadas de mi vida, me vino a la mente aquel tiempo cuando recibía mensajes de un desconocido del cual yo era conocida *~*; al principio, creí que el tipo se había equivocado de número, pero no fue así: él sabía perfectamente con quien se comunicaba. En un rayo de brillantez, recordé que, hace quizá ya dos años, conocí a un chico en el metro:

Yo iba felizmente con una amiga (la verdad no me acuerdo de quién), regreso a casa; en el trayecto, un muchacho en el asiento "reservado" platicaba con su amigo.

Mi amiga se bajó donde debía, y yo debía seguir mi largo trayecto. Mi vista, naturalmente, se movió hacia el chico platicador, sin intención alguna y, de hecho, sin mirarlo literalmente. Él lo notó, y le dijo a su amigo: "no le dan risa nuestros chistes malos"; su amigo hizo un gesto como "dándole el avionazo" y se bajó.

El tipo comenzó a platicarme, a comentarme que él y su cuate siempre iban contándose malos chistes y me los dijo, seguidos de un "¿verdad que son malos?"; qué le iba a decir, si ni me reí... Así llegamos a la estación donde, casualmente, bajamos los dos, por lo cual, formalmente preguntó: "¿cómo te llamas?"; yo pensé, muy en mis adentros, "este tipo qué", mas seguí caminando con él mientras hablábamos.

Después de contarme dónde trabajaba, sus gustos, disgustos y aspiraciones; de hacerme leer y que me equivocara, y de jugar con mi mente diciéndome su edad entre palabras, llegó el momento; es decir, a qué viene esta historia con lo que mencioné al principio (los mensajes del desconocido):

Sabía perfectamente que nadie de mi pinchurrienta colonia (o sus alrededores) le interesaba saber sobre mí y mucho menos obtener mi número del celular; así que, mi cabeza se iluminó y me acordé de este tipo, a quien, al final del recorrido parlachín, le di mi teléfono (después no me lo creía y quería aventarme de mi cama por haberlo hecho); sin embargo, le puse una condición, le dije: "cuando te acuerdes de mi nombre (porque lo olvidó tres segundos después de decírselo), entonces, me llamas".

Así fue, quizá es él aquel desconocido del que no sabré más (mi antiguo celular se fue de mí para siempre), aquel chico que me habló y me entretuvo durante el largo y pesado trayecto, ese muchacho que con las guerreras mágicas se acordaba de mi nombre (aunque lo olvidará al segundo); él, quien se despidió con un beso y guardo (junto con su basura ¬¬) mi número telefónico, para encontrarlo tiempo después y hacerme tener delirio de persecución y sentirme vigilada. Quizá fue él, sin atreverse a decirme que era él...Tal vez, sólo tal vez...