26 de septiembre de 2010

De cómo el mundo no funciona



Hace unos minutos, escuchaba La Academia Bicentenario, sí, ese reality show creado por Tv Azteca -que ya había tenido su última generación- en el que personas compiten para ganar como el mejor cantante, o al menos eso se supone. Bueno, en esta ocasión -su segunda o tercera emisión-, tenían un problema acerca de una de las reglas que una chica rompió: utilizar un celular.

¿Por qué este acontecimiento hace ruido en mi cabeza? El asunto no está tanto en el espectáculo armado para el momento, sino en lo mostrado a los televidentes. Les cuento.

Lolita Cortés, directora de "la escuela de alto rendimiento" La Academia, decidió expulsar a la alumna que ROBÓ y utilizó el celular a uno de los trabajadores de la cafetería, argumentando que en esa escuela había reglas concretas que debían cumplirse, y que, de pasar inadvertido este acontecimiento, implicaría permitir otro tipo de atropellos al reglamento.

Hasta ahí, todo parece impecable y coherente, ¿no? Pero como es costumbre de las televisoras de nuestro país, el espectáculo debe prevalecer ante todas las leyes, reglamento, crítica, valores y (la parte conflictiva) ética. Así que, todos los jurados, personas con conocimientos musicales que opinan acerca del desempeño de los alumnos, y el público, exigieron que no se hiciera la expulsión.

Por obvias razones, al menos para mí, decidí no seguir viendo esa aberración al televidente, pues, como ya lo había mencionado el periodista Álvaro Cueva, lo que hace este tipo de programas es, de manera evidente, mostrar que la ley en el país es letra muerta, ignorada y pisoteada (aun sin saber el resultado de tal acto: la expulsaron o no): si con algo tan simple como utilizar un celular en un lugar en el que no se permitía, la gente pide se pase por alto, qué podemos esperar de lo demás.

Y no estoy diciendo que se trata de un ejemplo que tomarán las personas que lo vean, sino que los mismos individuos ya están siendo partícipes de ello y que por ellos, por ser quienes toleran estas situaciones, se realizan.

No sé si estará de acuerdo, sagaz lector, pero ¿hasta dónde, entonces, es válido un espectáculo con características como éstas? ¿Y por qué nosotros permitimos que un programa de entretenimiento se convierta en una aberración a lo que como personas somos?

1 comentario:

Lim dijo...

Las reglas están para cumplirse, y eso es lo que debe prevalecer, si se adultera la competición de nada vale poner esas reglas.
Un beso.